EL GRITO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA DE 1919

El presidente Leguía ingresando al Salón de Actos de la Universidad San Marcos, 1919.

Casi noventa años han pasado: la Reforma Universitaria de 1919 llega a la edad madura. Su impacto recayó en varias generaciones de activistas, escritores, intelectuales, científicos, artistas y políticos, que han adherido a sus principios de democratización de la cultura y la enseñanza. ¿Se trata acaso de un movimiento político-cultural promovido por el movimiento estudiantil? ¿Cuándo tuvo su inicio y a que se opuso? ¿Bajo la base y de qué inspiración se generó? ¿Era un periodo que pedía a gritos el cambio? ¿Qué pasó en 1919?

“El movimiento estudiantil peruano de 1919 recibió sus estímulos ideológicos de la victoriosa insurrección de los estudiantes de Córdoba y de la elocuente admonición del profesor Alfredo L. Palacios. Pero, en su origen, constituyó principalmente un amotinamiento de los estudiantes contra algunos catedráticos de calificada y ostensible incapacidad”, cita José C. Mariategui, en sus Siete ensayos.
Efectivamente, la reforma universitaria de 1919 no se dio aisladamente. Tuvo como su antecedente directo en la reforma universitaria de 1918 en Córdoba, Argentina, y su contexto social en las luchas obreras por mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, existe otro antecedente que es pocas veces mencionado. Se trata de las reformas producidas en la Universidad del Cuzco, entre 1910 y 1923, bajo el fructífero rectorado del doctor Albert Giesecke y con la colaboración de la llamada “Escuela Cuzqueña” indigenista.


Los primeros pasos
A principios del año universitario de 1919 unos estudiantes (Jorge Guillermo Leguía, Manuel G. Abastos, Ricardo Vegas García, José León y Bueno, Eloy Espinoza Saldaña, Jorge Cantuarias y Jorge Basadre) agrupados alrededor de la figura descollante de Raúl Porras, llevaron a cabo el “Conversatorio Universitario”, o sea, la primera visión crítica de la historia peruana hecha en ese siglo y colectivamente organizada en San Marcos; la organización de los comités de reforma y del Comité General de la Reforma Universitaria, que lideraron el movimiento; y, finalmente, la transformación de la Federación de Estudiantes del Perú, bajo la dirección de Haya de la Torre, una vez terminado el movimiento de reforma, en un espacio político moderno.
Ese grupo sería después conocido como la Generación del Centenario. Puesto que esta generación ha sido descrita como aquella cuyas acciones e ideas le dieron forma al Perú del siglo pasado. “La chispa de la agitación es casi siempre un incidente secundario; pero la fuerza que la propaga y la dirige viene de ese estado de ánimo, de esa corriente de ideas que se designa -no sin riesgo de equívoco- con el nombre de "nuevo espíritu"”, cita Mariategui.

Grito de Reforma
El 28 de junio de 1919 los estudiantes reunidos en asamblea eligieron un Comité encargado de coordinar el movimiento de Reforma Universitaria. Los estudiantes buscaban reformular la enseñanza así como renovar la plana docente de la Universidad. A principios de agosto, bajo una huelga general, el Comité de Reforma presentó las demandas estudiantiles al rector José Pardo y Barreda. En él se leía: "Por vez primera los universitarios hablan al país en nombre de la cultura”.
El movimiento de la Reforma tenía lógicamente que atacar, ante todo, esta estratificación conservadora de las Universidades. La provisión arbitraria de las cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, la exclusión de la enseñanza de los intelectuales independientes y renovadores, se presentaban claramente como simple consecuencia de la doctrina oligárquica. Estos vicios no podían ser combatidos sino por medio de la intervención de los estudiantes en el gobierno de las universidades y el establecimiento de las cátedras y las asistencias libres, destinadas a asegurar la eliminación de los malos profesores a través de una concurrencia leal con hombres más aptos para ejercer su docencia.
Las demandas estudiantiles se fundamentaron, como cita Jorge Basadre, en el anhelo de mejoramiento y modernización de la enseñanza y propugnaron en la participación en el gobierno de las universidades, la docencia libre, el derecho de tacha, la supresión de la lista, la libertad de enseñar y la creación de seminarios y de becas para estudiantes pobres.
La reforma de 1919 fue, aparte de un estallido de clases medias en la población estudiantil, una demanda clamorosa por una enseñanza mejor, una protesta ostensible contra lo que entonces se califico como “esclerosos de la docencia”. Sus postulados principales afirmaron la necesidad de elevar el nivel de la docencia y de atraer a los jóvenes hacia la ciencia y la cultura.
Hasta ese entonces, la Universidad tenía una instrucción medieval y monástica, retrógrada e indiferente a la vida, sujeta a la enseñanza tradicional. Se regía por académicos ineptos en todos los sentidos. Era una universidad cerrada cuando las circunstancias ya estaban cambiando en el mundo y en nuestro propio país. Así, la manifestación estudiantil reunida el 4 de septiembre, bajo el grito de los principios que clamaban, terminó en la Plaza de Armas para entregar al presidente Leguía un memorial que solicitaba su intervención en el conflicto. Leguía había sido elegido “Maestro de la Juventud” en 1918 y había manifestado simpatías hacia la reforma al asistir el 1º de agosto a la ceremonia de inauguración de la nueva directiva de la Federación de Estudiantes.

Lo que se logró
La manifestación estudiantil se había hecho sentir en todos los estratos sociales y había despertado el interés en intelectuales, políticos y artistas. Asimismo debido a la relación existente entre la universidad y la producción cultural el movimiento de la Reforma Universitaria ha impactado de tal modo en las formas y contenidos del arte y la ciencia, que es posible, para muchos, considerarla como un movimiento cultural.
Los reclamos tuvieron aceptación. Grande fue la trascendencia del decreto del 20 de setiembre de 1919 firmado por el presidente Leguía y el ministro de educación Arturo Osores. Este decreto estableció cátedras libres en las facultades con aprobación del concejo universitario, ordeno que los delegados elegidos por los alumnos formaran parte del Concejo Universitario.
Un proyecto de ley presentado en la Asamblea Nacional el 9 de octubre resultó aprobado con ligeras modificaciones ese mismo día y se convirtió en la ley 4002. En ella se declaraba la vacancia de las cátedras con enseñanza deficiente, con la cual se dio validez a las tachas estudiantiles, pero con ciertas condiciones. Pues así pudo lograrse los principios fundamentales de la Reforma Universitario: autonomía universitaria, cogobierno, extensión universitaria, libertad de cátedra, cátedra paralela y cátedra libre, entre otros logros importantes.El movimiento reformista, entonces, tuvo importantes consecuencias en la legislación, formas de gobierno, concepción de la docencia, la didáctica, pero sobre todo en la definición de las relaciones de la universidad con la sociedad y con el Estado. Así, la Reforma Universitaria ha puesto de manifiesto la necesidad de precisar el rol de la universidad con el fin de que esta atienda las necesidades y problemas de la sociedad en que se encuentra inserta.

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